Ser madre, artista y emprendedora al mismo tiempo

Photo: Emmi Sprayberry

Siempre pensé que lo más difícil de tener un bebé sería el parto.

Ese miedo de sufrir tanto dolor y pensar: ¿cómo una personita de 4 kg podría salir de mi panza al exterior por un agujero tan pequeño?

Ahora miro atrás y pienso que el parto fue lo más fácil de toda esta etapa de maternidad.

Acepté la recomendación de mi doctora y mi parto fue inducido. Los días previos a nacer mi bebé luché con la ansiedad de que fuese así. ¿Y si no funcionase y no dilatese bien? ¿Y si al final, como leía en muchos sitios, al ser así tuviera que ir a cesárea? ¿Y si…? ¿Y si…?

Recuerdo que esos días cuando el ¿Y si…? aparecía en mi mente, me acordaba de los consejos que mi terapeuta me daba hace unos años y empecé a cambiar esa palabra por “No pasa nada, solo es ansiedad” Y a pensar en positivo, en todas mis amigas que han pasado por ahí y que aunque sus partos fueran más o menos difíciles ahora tenían a sus bebés entre sus brazos.

Entré al hospital a las tres de la tarde de un lunes y a las 7am del día siguiente ya había dilatado lo suficiente para comenzar el trabajo de parto. A las 3pm del 14 de Enero “Solo tenía que empujar” para que el bebé saliera. Ese “sólo” se prolongó por tres horas y media. Amé la epidural. Hubo momentos muy graciosos y otros en los que quise tirar la toalla. El parto parecía un partido de fútbol, las enfermeras, mi marido y mi cuñada estuvieron dándolo todo conmigo con sus ánimos y entusiasmo! Y al final, mi pequeño Río nació, con mucho pelo, super rubio y mi corazón de repente se desbordó de amor, de un amor que nunca jamás había experimentado antes. 

Antes de continuar, he de decir que me ha tocado la lotería con mi bebé.

Es super bueno, duerme mucho y cuando llora es fácil saber qué le pasa. Mi madre vino desde España para estar unos meses conmigo. Ella ha estado en casa a tope, cocinando, limpiando, quedándose con él mientras mi marido trabajaba para que yo pudiera dormir un poco, o simplemente ducharme. Me siento muy afortunada y agradecida por ello, sé que muchas de vosotras no habéis podido tener esa ayuda y quiero deciros que para mí sois mis héroes.

A lo que iba… el parto no fue lo más difícil, porque luego llegaron las muchas noches sin dormir, el dolor de pezones, el no tener NADA de rutina. La inseguridad de si la lactancia de verdad estaba alimentando a mi bebé… ¿tendré suficiente leche? Sentirme la peor madre del mundo porque las primeras semanas tuve que darle fórmula porque con mi leche no se saciaba y había bajado de peso. Esos desesperantes berrinches nocturnos por los cólicos y aquellos momentos de madrugada despertándome cada cinco minutos pensando: “no lo escucho: ¿sigue respirando?” 

Desde aquí quiero dar gracias a todas mis amigas a las que he podido llamar o escribir para desahogarme, gracias por animarme tanto, a ver que todo lo que estaba experimentando era normal, que lo estaba haciendo bien y que el ser buena madre va mucho más allá de todos esos detalles.

Como artista ha sido así: despertar. En mi mente organizar el día, pero desde el minuto uno cuando te levantas de la cama, toda esa organización cae en sacos roto y toca sobrevivir un día más.
Sentir que no soy nada productiva ha sido lo más difícil. Luchar con esa parte de mí. Estoy aprendiendo que mi valor no viene de mi productividad.

Ha habido momentos en los que tenía mucha ansiedad por lo que “no estaba haciendo” en el estudio en vez de disfrutar lo que tenía delante de mí; deleitarme en mi bebé. Es fácil decir que la pintura puede esperar. Y es cierto, pero cuando eres una persona creativa y no puedes crear te sientes como si te cortaran las alas para volar.

Me dí cuenta que lo que me pasaba era algo que iba arrastrando toda mi vida: no ser capaz de disfrutar el momento que estaba viviendo, y solo me quejaba de lo que “no podía hacer”. Reconocerlo me ha llevado a vivir una vida más plena, porque desde entonces siento que estoy viviendo los momentos más bonitos de mi vida. Ahora mis ratitos favoritos son cuando tengo a Río en brazos y lo veo comiendo de mi pecho. Es la felicidad multiplicado por 1000. 

Después de casi tres meses ya tengo esos cortos ratitos en los que puedo aprovechar y encerrarme en mi estudio.

Y como emprendedora he aprendido a delegar. Eso, para personas como yo que nos encanta controlarlo todo es una lucha muy grande! Piensas que si tu no estás al 100% todo se va a derrumbar. Pero no es verdad. Mi compañero en este negocio, mi marido, lo ha hecho tan bien! Incluso la empresa ha ido mejor que nunca! Así que desde aquí quiero darle las gracias, por su apoyo incondicional.

A nivel mundial estamos viviendo momentos muy tristes. Es fácil que la ansiedad se apodere de nosotros. Reconozco que mi lucha diaria es intentar no caer en el bucle de las malas noticias. Pero algo que estoy aprendiendo de mi cuarentena es a ser agradecida. Dar gracias por cada pequeño detalle que no merecemos. Quién me iba a decir hace unos meses atrás, que cuando mi suegra me manda de regalo papel higiénico se convierte en un momento de fiesta en nuestra casa?

Ahora más que nunca, me doy cuenta que la gratitud es nuestra mejor herramienta para combatir los momentos de bajón, aquellos donde la luz del día se torna tenue y parece que la oscuridad lo envuelve como la noche. Cuando pensamos en cosas por las que estamos agradecidos empiezan a aparecer estrellitas en nuestro cielo y a alumbrar aquellas cosas que no veíamos y a darnos cuenta lo afortunados que somos. 

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