LUCIA DUQUE

De Ordinario a Extraordinario

Mi época favorita es el otoño.

Su luz es diferente a la del resto del año, es como un bálsamo a mis sentidos.

Después del calor tan agotador, llega el gozo al sentir la brisa fresquita y los rayos de sol inundando mi estudio. Las hojas de los árboles caen como gotas de lluvia en nuestro jardín, haciéndome creer por momentos que vivo imágenes de película en nuestra rutina cotidiana.

Otoño me invita a comenzar, esa sensación de estrenar una nueva etapa. Pero este año es diferente. Está lleno de incertidumbre, de miedos, pérdidas y tristezas girando alrededor del mundo. De soledades, de rupturas, de tantas cosas pasando tan cerca y tan lejos de nosotros. Podría caer en la desesperanza y pensamientos negativos dejándolos anidar en mi mente y creando espinas en mi corazón. Es una lucha diaria.

No sé a vosotras, pero mi mente suele inclinarse hacia pensamientos que me roban la paz.

En vez de disfrutar lo que tengo en el momento actual. Sin darme cuenta, suelo huir del agradecimiento, de las cosas buenas que están pasando ahora, para enfocarme en lo que quisiera ser y no está ocurriendo, en lo que aún no tengo o en lo que perdí.

Sé que no tienen que pasar grandes cosas para empezar a tener un hábito de gratitud diario porque ser agradecida en lo pequeño que vivamos en nuestra rutina es como una caricia a mi corazón apesadumbrado: el sabor que tanto me gusta de mi té en las mañanas, el olor de las rosas de mi jardín, el gusto de dormir entre sábanas limpias o la sensación de paz en el silencio de mi hogar mientras estoy leyendo un libro. Soy tan afortunada y es triste que la neblina de la queja muchas veces no me deje verlo.

Anoche dormí a trompicones. A Río le están saliendo sus dientecillos así que supongo que por ello suele despertarse muchas veces. Esta mañana me levanté enfurruñada. Cuando estoy cansada mi mal humor lo nubla todo. Pero este pequeño ser, tan inocente, cuando se despertó acercó su carita a la mía y ahí se quedó mirándome un rato balbuceando en su lenguaje de bebé. Entonces empecé a cantar nuestra canción mañanera que mi marido se inventó cuando Río solo tenía días de vida: "My buddy's really happy in the morning, My buddy's really happy, he's really really happy ... my buddy's really happy in the mooooooorniiiingg " y poco a poco, mi niño empezó a sonreír a carcajadas. Eso lo cambió todo. La niebla se disipó, mi mal humor se fue, y Río y yo tuvimos una mañana preciosa juntos. 

Son esos instantes de la vida que hacen de lo ordinario momentos extraordinarios.

Qué bonito es ser consciente de ellos y en vez de cegarnos en lo negativo, ver esos rayos de luz positivos que titilan en días grises y sobretodo ser agradecidos. Esa es mi propuesta para esta temporada, ¿Te apuntas?

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