LUCIA DUQUE

"Tratar con cuidado,

contiene sueños"

Allá donde vamos llevamos incrustados en nuestro corazón pedacitos de experiencias de nuestro pasado. Cuando pienso en Málaga, la ciudad donde crecí, hay tres cosas que rápidamente aparecen en mi mente: la sensación en mis pies caminando por la orilla del mar, el olor a sábanas limpias en casa de mi madre y la satisfacción que me dio emprender la academia de pintura.

Uno de mis recuerdos favoritos dando clases cue cuando de repente me doy cuenta que había un intruso de 7 añitos dando vueltas por el aula observando a los demás niños pintar. Me miró muy serio y me dijo: “Seño', yo quiero venir a tus clases” y le dije "¡claro que si! Eres mas que bienvenido! Pero tienes que hablar con tu madre.

Yo trabajaba en un centro cultural, así que él iba de camino a otra clase cuando se topó con la mía.

Cuando su madre vino al día siguiente, me dijo al oído: “Lucía, mi hijo es muy mal estudiante, siempre tiene muchos problemas en el colegio y no se porta bien, lo han expulsado varias veces y tiene muy malas actitudes, por favor, si te causa problemas, dímelo y no lo traigo más”. Yo le dije: “vamos a probar a ver que tal le va aquí”.

Estuvo en mis clases por tres años y nunca tuve ningún problema con él. Le encantaba dibujar a carboncillo, siempre estaba muy concentrado, animaba a sus compañeros, era el primero en ayudar a limpiar la clase... fue un alumno de 10. Cuando se lo decía a su madre, ella me decía que no podía creerlo.

Sinceramente, yo no hice más que enseñarle que a través de la pintura él tenía un refugio donde expresarse, donde sentirse único y especial.

“Sobre cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños” Mirko Badiale.

Cuando pienso en Maya una sonrisa dibuja mi cara. ¡Solo tenía 5 añitos y en poco tiempo llegó a pintar como una niña mucho más mayor! Ella era bastante nerviosa, sus padres decían “¡es que no para quieta!”. Noté que no se concentraba como los demás niños sentada en una silla.

Ella me decía que le encanta bailar y siempre estaba canturreando canciones que me hacían mucha gracia. En una de las primeras clases me preguntó “¿puedo bailar mientras pinto?”

Y yo le dije “por supuesto!”

¡Era tan graciosa! Le encantaba la danza clásica así que pintaba de pie en su caballete y de vez en cuando la podías ver pegando saltitos de ballet.

Con las clases yo también he crecido muchísimo a nivel personal. Porque en cada lugar donde he vivido me ayudaron a echar raíces profundas y a sentirme en comunidad. Cada vez que he tenido que mudarme de una ciudad a otra y he tenido que dejar atrás a mis estudiantes, tanto con los niños como con los adultos, una de las cosas más difíciles fue decirles adios, porque al igual que yo intento plantar en ellos semillas de amor y esperanza, ellos también han marcado mi vida.

Después de un año en Mississippi, me he dado cuenta lo mucho que echo de menos dar clase. Por ello, este mes he decidido volver a hacerlo. Es empezar de cero completamente, en un nuevo lugar donde nadie me conoce, pero estoy muy animada y espero que mis nuevos alumnos puedan disfrutarlo. Y esta vez será aún más inolvidable porque para enero esperamos un nuevo regalo de Dios en nuestras vidas. 

Hace unos meses mi marido pegaba botes de alegría y mi perro corría ladrando de un lado a otro de la casa con él. Acabábamos de saber la mayor noticia de nuestras vidas. Íbamos a ser padres por primera vez. A mi me costó unas cuantas semanas asimilarlo, a pesar que los síntomas me sacaron de juego y he estado casi todo el primer trimestre en la cama viendo series de Netflix sin poder hacer mucho más que quejarme por las nauseas y el cansancio. Esto ha sido una de las razones por las que estuve bastante ausente por aquí y en redes sociales. Josh ha sido desde el primer momento un amor, cuidándome, mimándome y ayudándome en todo cuanto he necesitado.

Después de ver a esa pequeño/a personajillo/a dentro de mí a través de una tele en blanco y negro y escuchar el latido de su corazoncito todas las emociones llegaron de repente.

La barriguita está empezando a crecer bastante, y por las noches, poco a poco voy notando sus movimientos como el aleteo de una mariposa.

¡Ahora estoy en mi segundo trimestre y me siento nueva!

Llevo tantos años trabajando con niños a través de las clases de pintura, enseñándoles, animándoles, cuidando sus corazones y sueños, haciéndoles saber que son el tesoro de esta sociedad… Y sin embargo ahora, me abruma la responsabilidad tan grande que tengo en mis manos como madre. Los niños son el tesoro más grande, en el que cada perla que depositamos en ellos a través de nuestras palabras o ejemplos, tendrán grandes consecuencias en su futuro y en el de nuestra humanidad.

Por ello, me prometí a mí misma dar lo mejor. Que cada alumno que asistiera a mis clases tendría un lugar especial en ellas, donde pudieran encontrar en la pintura no solamente una actividad más, sino un lugar en el que pudieran sentirse seguros, disfrutar, aprender y sobretodo hacer de ellas momentos inolvidables. No sé si el/la bebé que llevo dentro nacerá artista y querrá pintar conmigo o cantar con Josh, pero de lo que sí estamos seguros es de cuidarle, amarle, ayudarle y animarle a luchar por sus sueños y ser de bendición a los que le rodean.

Pronto os iré contando más cositas de esta nueva temporada y las nuevas aventuras.
Si estás en Jackson, MS. Y tienes ganas de aprender a dibujar o pintar, no importa cuan joven o mayor seas, ni si has recibido clases anteriormente o no, haz click en el botón de abajo para más información. Estaré encantada de conocerte y de juntos disfrutar a través del arte.

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