Perseverancia: nuestra mejor amiga

“Los artistas no se ponen manos a la obra hasta que el dolor de trabajar es superado por el dolor de no trabajar.” Stephen DeStaebler

Esta frase describe muy bien mi vida artística últimamente. Estar embarazada, aunque me siento super ilusionada por ello, también me ha llevado a momentos de mucha frustración conmigo misma por querer trabajar pero mi cuerpo no me lo permitía. Pero también he de admitir que, a veces, no era por las náuseas o el cansancio, admito que esos malestares se convirtieron en ocasiones en simples excusas para dejar que aflorara ese dolor de no haber trabajado ni hecho lo suficiente. No haber pintado por mucho tiempo y volver a hacerlo era tener que romper murallas para seguir adelante con la nueva obra que estoy trabajando.

Para mí es super fácil preparar markets, hacer ilustraciones de acuarelas con motivos florales, láminas y tarjetas etc. es un área que siento que domino y al ser algo artesanal es mi lugar seguro, porque aunque haya una parte de mi en cada una de esas creaciones, al fin y al cabo, lo miro como lo que es, mi pequeño negocio.

Pero, trabajar en esa otra área de mi arte más personal, donde estoy desnuda y vulnerable, con el fin de exponer mis obras como artista y no como artesana, aquellas que cuando salen a ser conocidas revelan las profundidades de mis entrañas, entonces todo cambia.

Hace poco tuve una conversación con otro artista sobre esas murallas que al final son gobernados por un solo rey: el miedo al fracaso a que nuestro arte nunca llegará a tener éxito.

Tener miedo a que nuestra próxima obra fracase, es algo normal. Todos pasamos por ahí continuamente cuando comenzamos de nuevo. Para sobrevivir como artista es un requisito fundamental enfrentar esos miedos. Porque cuando los artistas renuncian es porque se convencen de que su próximo esfuerzo ya está condenado al fracaso. Y esa renuncia hace que perdamos el destino y nuestro sentido de pertenencia de nuestro arte. 

Sinceramente, a eso lo considero vanidad.

Y no me refiero que sea malo soñar con llegar algún día a esas metas. Creo que es un sueño bueno, querer vivir 100% de la venta de nuestras obras, que sean valoradas etc. El problema es cuando se convierte en la razón y el centro del por qué pintamos.

Porque las obras de pintores que más han impactado mi vida no tenían ni buscaban ese enfoque y la mayoría de ellos murieron sin ser reconocidos en vida por su trabajo. Lo que realmente ellos perseguían era la autenticidad, ser verdaderos, crear belleza con sus obras aún cuando expresaran el dolor y la desgracia.

Entonces, Qué hacemos para sobrevivir a esos miedos? Creo que lo más difícil: Perseverar.

Sinceramente, esta temporada, cuando rompía esas murallas y por fin me sentaba a pintar, nada de lo que hacía me convencía, me frustraba porque no era lo que quería conseguir. La idea, la sensación que quería transmitir, todo estaba en mi cabeza, pero cuando trabajaba en el lienzo, todas las inseguridades afloraron creando obras que me daban vergüenza mirar. Pero, era consciente que aunque doliera, de eso se trata el proceso de creación. Y ahora después de todos esos tropiezos, por fin estoy disfrutándolo. Estoy segura que antes de terminar esta nueva colección volveré a tener momentos que no me gustan, obras que tiraré a la basura, pero es un círculo por donde hay que pasar porque cuando perseveramos y los vencemos la satisfacción es enorme.

En fin, esta es Lucía Duque. Éstas son mis luchas tratando de mentalizarme que cuando llegue el bebé en Enero, tendré que volver a tener un parón y comenzar mi ciclo creativo de nuevo.

Así que si estás pasando por una situación parecida, ánimo! No estas solo/a.

“Después de todo, al hacer arte, aportas tus mejores habilidades para influir en los materiales e ideas que más te interesan. El arte es una gran vocación: los miedos son coincidentes. coincidente, furtivo, perturbador, podríamos agregar, disfrazados de pereza, resistencia a los plazos, irritación con los materiales, o el entorno, distracción por los logros de los demás, de hecho, como cualquier cosa que le impida dar a su trabajo su mejor esfuerzo. Lo que separa a los artistas de los ex artistas es que quienes desafían sus miedos continuan: los que no, renuncian. Cada paso en el proceso de creación de arte pone a prueba ese problema.” David Bayles y Ted Orland

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