LUCIA DUQUE

Ansiedad

Foto: Laura Meek Photography

Apareció de repente y sin avisar.

O eso creí en ese momento. Me vi envuelta en una neblina que emborronaba todas las áreas de mi vida. Comer era un suplicio porque en mi estómago había tanta angustia que lo llenaba todo.

Me despertaba cada mañana llorando, deseando con todas mis fuerzas que esa terrible sensación se fuera y me dejara hacer mi vida de nuevo. Pero eso no ocurría, sino todo lo contrario: se alimentaba aún más y más de mi frustración y de los sentimientos de impotencia entre otras muchas cosas.

Antes de su llegada tenía una buena vida.

Había montado mi propia academia de pintura, organizaba exposiciones, estaba involucrada en varios proyectos que me encantaban etc.

Pero sentí que quería hacer algo más con mi vida. Decidí dejarlo todo, y hacer algo para ayudar a otros que no tenían los mismos privilegios que yo. Cuando conseguí ahorrar lo suficiente, México apareció en mi vida.

Allí visité pueblitos perdidos de la Rivera Maya de los que seguramente nunca habrás escuchado. Conocí gente maravillosa, mi fe en Dios se fortaleció y sobretodo aprendí que el ser valiente no era no tener miedo, sino enfrentarte a ellos y seguir adelante. Viví entre familias con tan bajos recursos y a la vez tan generosas, que aún me cuesta entender como quien menos dinero tiene puede ser más generoso que aquellos con muchas riquezas.

Meses después, cuando regresé a España, seguí con esa pasión de ayudar, pero caí en un gran error: me adueñé de los sueños de otros y de las formas en las que otros lo hacían. No significa que no fuera bueno, lo malo fue que le di la espalda a mi identidad.

¿Por qué ocurrió esto?

Estuve trabajando en una organización donde en ese momento crear quedó excluido de mi rutina. A veces tenía algún tiempo libre para pintar, pero estaba tan exhausta de todo el trabajo que hacía el resto del tiempo que cuando podía hacerlo no quería, porque mi mente y mi cuerpo físicamente estaban saturados.

Poco a poco, la ansiedad fue ganando terreno sin que yo me diera cuenta. Hasta que de repente explotó en una guerra mental y emocional ganando todos los terrenos que quiso. No sabía por qué, no entendía nada, lo único que sentía era una angustia terrible que me anulaba por completo.

Ahora me doy cuenta que eso ocurrió porque yo todavía no me había encontrado conmigo misma y por esa razón no puse límites ni me cuidé.

Así que cuando toqué fondo, un fondo muy profundo donde lo único que hacía era llorar, una vocecita interior me decía: PINTA.

Busqué mi libreta de bocetos y acuarelas de mi viaje por México y los convertí en lienzos llenos de color.

¿Color? ¿Cómo podía pintar con color si lo único que podía ver dentro de mí era un negro profundo?

Creo que una de las razones fue porque los colores siempre han sido mi pasión, así que empezaron a mantener mi mente ocupada. La pintura hacía que en vez de centrarme en mis emociones, en pensamientos negativos, etc.

Me ayudó a enfocarme en tomar decisiones sobre textura, composición, complementarios etc. a armonizar mi mente, a canalizar y expresar las emociones que me generaban bienestar. Te prometo que no lo hice a conciencia. Yo simplemente pintaba.

Por ello, si ves los cuadros que hice en esa etapa, si no conoces mi historia, pensarías que los creé estando super feliz y contenta, pero en realidad, fueron pintadas en un río de lágrimas.

¿Por qué la pintura hizo ese cambio en mí?

Cuando hace un par de años estudié arte terapia descubrí que lo que había vivido fue, sin darme cuenta, algo parecido. Durante ese proceso la pintura me llevó de la mano y fue mi terapeuta ¿qué locura verdad?

Creo que aún de los malos momentos, podemos sacar cosas buenas y gracias a esa tormenta, mi barco encalló en “Découpage” una comunidad de gente muy maja que vivían en el centro de Madrid. La mayoría eran artistas y fue con ellos cuando comenzó la mejor etapa de mi vida. Encontré a una terapeuta de carne y hueso que me ayudó muchísimo y a gente maravillosa que me animó y me enseñó que el ser artista era parte de cuidarme, de ser quien era y así, sí que podía ayudar a otros.

Aprendí que tener ansiedad es parte de la vida, es como estar en un mar que a veces está en calma y otras agitado, pero podemos aprender a surfearlo con las herramientas adecuadas.

Tristemente como diría Julia Cameron, nos hemos tragado el mensaje de nuestra cultura que el mundo es un valle de lágrimas y lo que se supone que tenemos que hacer es cumplir con nuestro deber y morirnos. Pero no es verdad.

Podemos ver la ansiedad como una oportunidad de crecimiento personal, a mi me ha llevado a crecer en muchas áreas especialmente como artista y con mi obra.

¿Y sabes que fue lo mejor?

Pintando me di cuenta que también puedo seguir con mis sueños de ayudar a personas en riesgo de exclusión, pero de eso ya te contaré más otro día…

Para terminar, te dejo con unas palabras que me ayudaron a ver que los momentos de oscuridad no son el fin del mundo, sino un periodo de crecimiento.

“La creatividad - como la propia vida humana- empieza en la oscuridad. Es necesario que reconozcamos esto. Con frecuencia pensamos sólo en términos de luz: <Y entonces se me encendió la bombilla y lo entendí>. Es verdad que muchos hallazgos se nos aparecen como flashes. Es verdad que algunos de esos flashes pueden resultar cegadores. Pero también es verdad que esas ideas luminosas viven precedidas de un periodo de gestación que es interno, turbio y absolutamente necesario”. Julia Cameron Camino del Artista

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